Cuando todo está al revés, cuando hagas lo que hagas serás juzgado por un grupo masivo de gente…
Porque parece que el deporte favorito de este país es la envidia y no el fútbol como todo el mundo piensa. Pero no culpo a nadie, puede que yo sea el primero en tenerla. A mucha gente le gustaría estar en mi lugar, en este césped, corriendo detrás de un balón, pensando en marcar y ganar, estar escuchando a todo este país, y parte del otro, gritar tu nombre:” IIIIIIIIIAAN! IIIIIIIIIAAN!!” Y en tu cabeza, lo único que piensas es el no poder dar la talla, el no poder dar todo aquello por lo que luchas cada día, porque las piernas parecen no estar de tu parte al no responderte cuando les pides más. El aire desaparece por momentos de tus pulmones para venir en contra dirección, a la portería a la que estás decidido a marcar una vez tras otra, y tener unos cuatro gorilas que parece que practiquen el Judo encima tuyo hasta que llegas al punto en que piensas que están enamorados de ti, o el “Karma” te está castigando por todas tus malas acciones pasadas. Porque, de 365 días que tiene el año, parece que te va a pasar hoy todo lo malo, y queda muchísimo partido por jugar.
Eso es lo que en estos momentos estoy viviendo y veo que me queda grande esta situación. Sólo tengo 19 años, y ahora mismo estoy en la final de la Champions jugando con el RCD.Español, mi equipo de siempre, del que no tengo pensado irme todavía. Muchos pueden que me admiren, y muchos otros me odien por, simplemente, no ser el mejor, por vivir a la sombra de un gran jugador. Pero sabes que todo el mundo en este preciso momento está pendiente de ti, delante de un televisor esperando milagrosamente que haga algo. Que corra más, que defienda más hasta que reparta tortas a diestro y siniestro. No sé qué quiere todo el mundo, pero sé lo que quiero yo, y es ganar. Demostrar que alguien pequeño puede hacer grandes cosas, porque el único escalón entre el éxito y el fracaso, está en el esfuerzo y esa es mi palabra favorita. Y esa era la diferencia, y el único motivo de peso por lo que yo estoy jugando. Era mi premio el estar jugando ahora.
Vi que empezó a calentar con sus grandes aires de superioridad “El Gran Victor”. Para mí solo era “El Gran Creido/Pardillo”. No le tenía envidia, simplemente, hay gente que tiene suerte, nace con estrella y ya, por eso, era famoso. Él, hablando claro, nació con “una flor en el culo”. El entrenador me miró. Sé que confía en mi. ¡Y entonces llegó esa oportunidad! Me deshice de aquellos gorilas y apreté a correr. Por momentos parecía que volaba cuando, de repente, empezó a llover. Sinceramente, no soy muy amigo de la lluvia, y menos cuando juego, aunque esto no me impediría que mis piernas dejaran de moverse velozmente. La portería cada vez estaba más cerca. Lo sentía. Era el momento, ¡ahora o nunca! Sin pensármelo dos veces, aunque inconscientemente, mi pierna derecha mandó un pelotazo al final de la red del Arsenal.
Una hora después de ese gol, posiblemente el más importante en la historia del fútbol del Español, me encontraba mojado, y con la rodilla mas hinchada que la propia pelota de fútbol. En efecto, me lesioné, en el momento en que todo mi peso se apoyó en mi pierna izquierda, y aquel condenado número 13 horizontalmente me hizo una entrada en la que, desgraciadamente, me acordaré toda mi vida. Nadie sabía lo que tenía del todo cierto, ya que había que esperar los resultados. Lo único que yo sabía es que esa lesión muy buena pinta no tenia, y que acabamos ganando con un marcador de 0-1 gracias a mi gol. Y en ese momento entró todo el equipo por la puerta. Parece mentira que eso fuera un hospital. No sé cómo no los echaron. ¡Tanta alegría revolucionaban todo el hospital!
Al verlos, la verdad, me alegré muchísimo, no sólo porque habíamos ganado sino porque ya me sentía como uno más, y esa sensación el Mister la supo ver. Lo que yo vi fue a Victor, con su cara de pasota, ¿envidia, tal vez?. Cuando todos se fueron, el entrenador se quedó un rato más, y me explicó el porqué de cada cosa que hizo. Le pedí que no me lo explicara, pues es el entrenador y no tiene que dar explicaciones a nadie, pero él insistió. La verdad es que me sentí muy bien después de todo. Cuando me llevó al hotel estaban todos en el vestíbulo esperando a que me cambiara, que íbamos a celebrarlo a lo grande! Después de decir mil veces gracias, les dije que lo sentía, pero no me encontraba lo suficientemente bien para aguantar a todos esos borrachos. Todos se pusieron a reír y se fueron. Dos días después ya tenían los resultados, y mis sospechas fueron desgraciadamente acertadas. Me rompí un ligamento de la rodilla izquierda. Teníamos que irnos a Barcelona ya, allí nos esperaban con los brazos abiertos, una afición gigante, una vitrina nueva para depositar la Copa y también seis meses largos de rehabilitación. Pero ya se sabe... “vísteme despacio que tengo prisa”, y prefería hacer las cosas perfectas a la primera, que jugármela por ser imprudente.
Confiar, enseñar lo que un día te fue enseñado, creer y, por supuesto, valorar. Son mis cuatro puntos como buen entrenador que intento ser. Y de momento creo estar haciéndolo bien. Llegar a la meta es muy difícil y más cuando todo está en tu criterio, en tu elección, en cada error y en cada acierto, en cada entrenamiento y desconvocatoria en todo.
Aquí en estos momentos como entrenador del RCD. Español me encontraba vacío, en este campo donde yo sólo escucho a mis jugadores del banquillo quejarse de mis decisiones, donde todo el público te estará cuestionando cada movimiento. En estos momentos muchos me deben considerar como un necio y un mal entrenador, posiblemente tengan razón ya que tengo al mejor jugador de esta temporada en el banquillo, “El Gran Victor”. Pero aquí mando yo. Y, sí, creo que el joven Ian se merece jugar hoy. La gente solo sabe lo que ve fuera, y está claro que hablan sin saber. Ellos no saben lo que se esfuerza en cada entrenamiento ni el compromiso que tiene el chico hacia el resto del equipo, yo confío en él y no hay que dar explicaciones a nadie.
Cuando finalizó la primera parte del partido, vino el Presidente del Club a decirme que sustituyera a aquel joven que no daba pie con bola por Víctor. Pero yo no hice caso. Empezó la segunda parte del partido, teníamos otra oportunidad. Sentía una gran presión encima, nadie entendía lo que hacía, solamente me criticaban como siempre. Así que, para callar bocas se me ocurrió poner a calentar a Victor. Miré a Ian y él me miró a mí. El sabía que yo quería que jugara como él sabía, está mal que lo diga, pero puede que sea mi favorito. Gracias a él aprendí que un imposible no es nada si uno se lo propone. Y de golpe lo vi, en el suelo retorciéndose y con un gol en el marcador. En efecto, el pequeño de la casa marcó un gol importantísimo. Lo sacaron del campo y en su lugar tuve que poner a Victor. Todos aplaudían. Miré al árbitro y le vi miedo en el cuerpo. A los treinta minutos del final de la segunda parte nadie se esperaba que Victor no hubiera hecho nada, y mira que tuvo oportunidades. Y el partido llegó a su fin. Ahora sí que si, el Español, campeón de la Champions. Con una alegría enorme en el cuerpo me dirigía a la sala de prensa. Respondí a todas las preguntas, según mi criterio como entrenador. Cuando todos ya estábamos listos, fuimos directamente al hospital a ver a Ian. Al llegar se le notó una gran alegría en la mirada, decía que estaba bien y eso me tranquilizó bastante. Así que cuando todos los brutos de mis jugadores se fueron, me quedé con él un rato. Tenia la necesidad de felicitarle. Dejamos el hospital y nos fuimos al hotel, donde sus compañeros lo estaban esperando.
Dos días más tarde, llegaron los resultados y el joven salió mal parado. Y directa mente fuimos al aeropuerto, era hora de marcharse a casa y continuar nuestros propósitos un año más. Sé que todo saldrá bien, estamos con él. ¿Qué puede salir mal?
Confiar, enseñar lo que un día te fue enseñado, creer y, por supuesto, valorar. Son mis cuatro puntos como buen entrenador que intento ser. Y de momento creo estar haciéndolo bien. Llegar a la meta es muy difícil y más cuando todo está en tu criterio, en tu elección, en cada error y en cada acierto, en cada entrenamiento y desconvocatoria en todo.
Aquí en estos momentos como entrenador del RCD. Español me encontraba vacío, en este campo donde yo sólo escucho a mis jugadores del banquillo quejarse de mis decisiones, donde todo el público te estará cuestionando cada movimiento. En estos momentos muchos me deben considerar como un necio y un mal entrenador, posiblemente tengan razón ya que tengo al mejor jugador de esta temporada en el banquillo, “El Gran Victor”. Pero aquí mando yo. Y, sí, creo que el joven Ian se merece jugar hoy. La gente solo sabe lo que ve fuera, y está claro que hablan sin saber. Ellos no saben lo que se esfuerza en cada entrenamiento ni el compromiso que tiene el chico hacia el resto del equipo, yo confío en él y no hay que dar explicaciones a nadie.
Cuando finalizó la primera parte del partido, vino el Presidente del Club a decirme que sustituyera a aquel joven que no daba pie con bola por Víctor. Pero yo no hice caso. Empezó la segunda parte del partido, teníamos otra oportunidad. Sentía una gran presión encima, nadie entendía lo que hacía, solamente me criticaban como siempre. Así que, para callar bocas se me ocurrió poner a calentar a Victor. Miré a Ian y él me miró a mí. El sabía que yo quería que jugara como él sabía, está mal que lo diga, pero puede que sea mi favorito. Gracias a él aprendí que un imposible no es nada si uno se lo propone. Y de golpe lo vi, en el suelo retorciéndose y con un gol en el marcador. En efecto, el pequeño de la casa marcó un gol importantísimo. Lo sacaron del campo y en su lugar tuve que poner a Victor. Todos aplaudían. Miré al árbitro y le vi miedo en el cuerpo. A los treinta minutos del final de la segunda parte nadie se esperaba que Victor no hubiera hecho nada, y mira que tuvo oportunidades. Y el partido llegó a su fin. Ahora sí que si, el Español, campeón de la Champions. Con una alegría enorme en el cuerpo me dirigía a la sala de prensa. Respondí a todas las preguntas, según mi criterio como entrenador. Cuando todos ya estábamos listos, fuimos directamente al hospital a ver a Ian. Al llegar se le notó una gran alegría en la mirada, decía que estaba bien y eso me tranquilizó bastante. Así que cuando todos los brutos de mis jugadores se fueron, me quedé con él un rato. Tenia la necesidad de felicitarle. Dejamos el hospital y nos fuimos al hotel, donde sus compañeros lo estaban esperando.
Dos días más tarde, llegaron los resultados y el joven salió mal parado. Y directa mente fuimos al aeropuerto, era hora de marcharse a casa y continuar nuestros propósitos un año más. Sé que todo saldrá bien, estamos con él. ¿Qué puede salir mal?